2016: Juegos a rememorar

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Llegó esa época del año. Con las copas de champán en alto, rodeados de nuestras familias, algunos para bien y otros a su pesar, y deseando que por favor, quien quiera que esté a cargo de todo esto, no hagas que 2017 sea peor, toca hacer repaso. Es el mes mágico de los tops, mirar atrás y decir qué ha gustado más y menos, pero no estoy al cargo de eso. Soy un currito, con lo que no importo tanto como para decir representando a Eurogamer qué ha sido mejor y peor. Lo que sí puedo hacer es mudar el chip y hacer recuento no de las grandes obras sino más bien de aquellas que han definido el año, sus éxitos, sus tendencias y que, en el futuro, de una forma o bien otra, recordaremos. De ahí que es esencial que os quedéis con esta idea: no hay un orden concreto y que un juego vaya tras otro no significa nada en términos de calidad. La calidad ni tan siquiera importa en esta lista. Este es un vistazo que trasciende la necesidad de poner medallas, porque a su particular manera, cada uno de estos juegos ya la tiene.

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The Last Guardian

Parece un sueño, mas es real. Hemos vivido para poder ver el lanzamiento de The Last Guardian y Final Fantasy XV y ambos han salido casi al mismo tiempo. A pesar de que el texto de mi estimado compañero Enroque sea genial, y a pesar de que sienta cariño cara este juego, The Last Guardian no ha sido todo lo que esperaba que fuera. Ahí la culpa es mía por tener tanto hype, mas incluso si no llega a esas muy altas cotas que deseaba, hace algo todavía más especial: crea vida. Nunca se ha visto nada como Trico en un videojuego y todos los periodistas con los que he hablado coinciden en lo mismo: ese maldito perropollo está vivo. Es alucinante cómo un juego para videoconsolas es capaz de coger un puñado de pixeles y conseguir engañarnos para hacernos creer que vivimos una aventura junto a una criatura real, que existe dentro de este cosmos. Trico es un compañero inolvidable y uno hacia el que es simple sentir cariño, y aunque los hay que han tenido malas experiencias con él, a pesar de que ciertos se vean frustrados porque es un animal con propia voluntad y no siempre y en toda circunstancia nos haga caso, faltan las palabras para describir el gran triunfo que es su existencia. Pues aunque sea en un videojuego, Trico existe, y de ahora en adelante todos y cada uno de los compañeros que nos salgan en futuras aventuras vivirán bajo la sombra de esta bellísima criatura.

That Dragon, Cancer

Los juegos con historias personales no son ninguna novedad. Los creadores llevan años desvistiendo sus ánimas y dejando que sus intereses, inquietudes y temores permeen su obra y, por poner un ejemplo, Dys4ia ya nos guiaba hace años por el viaje de Anna Antrophy a través del cambio de sexo. La diferencia radica en que Dys4ia no era un videojuego comercial sino más bien una obra flash que se podía jugar en Newgrounds. That Dragon, Cancer ha cautivado a una parte esencial de la industria; nos tenía a todos atentos ya desde su anuncio y ha aparecido en los Videogame Awards. No digo que salir al escenario del show de Geoff Keighley sea exactamente un honor; mi opinión sobre esta ceremonia promocional es algo que tendré que reservarme hasta el momento en que llegue el momento en dos mil diecisiete. Culpad mi pereza por no redactar a tiempo, mas no nos olvidemos de lo importante: cuando Ryan Green apareció recibiendo un premio, lo recibía en frente de millones de espectadores. Han existido muchos juegos personales y autobiográficos y hay muy, muy grandes experiencias entre los denominados serious games, mas That Dragon, Cancer ha roto las barreras de lo mainstream. Ha llegado al gran público, ha sido portada de decenas y decenas de noticias y, de forma no intencional, se ha convertido en el semblante de un movimiento. El resultado será mejor o bien peor, mas ya sea ha dado ese pequeño paso, ese gran salto para el juego independiente.

Battlefield 1

Debo ser honesto; no he jugado a Battlefield 1. Miento; sí lo he jugado mientras que estaba en beta, pero no tengo una imitación de la versión final y, por el momento, tampoco tengo previsto adquirirlo. Mas la nueva obra de DICE no necesita ser jugada para ser entendida. El anuncio de Battlefield 1 se convirtió en el tráiler con más likes en la Historia de YouTube y su lanzamiento en R. Unido ha superado a los de Battlefield 4 y Hardline combinados. Es un éxito comercial incontenible y la validación de Electronic Arts al pasarle el micrófono al consumidor y preguntarle qué quiere ver ahora. Battlefield 1 es la contestación a años y años de usuarios pidiendo un videojuego ambientado en la Primera Guerra Mundial y sale meses después de que EA lanzase la secuela de Mirror’s Edge, un videojuego de culto que ha conseguido una base de entusiastas deseosa por más contenido. El modelo de juegos como servicio ya probó ser un éxito hace unos años, pero ahora se ve que todavía puede subirse más el listón. Nintendo también ha sabido oír con Pokémon Sol/Luna, que han introducido ciertos cambios en la fórmula para renovar una saga necesitada de nueva sangre, y es el mayor lanzamiento de la Historia de la compañía. Tras muchos años, la industria parece haberse fijado en el potencial de las redes sociales como herramienta para entrar en contacto con su público, y tal vez de ahora en adelante las grandes compañías empiecen a darle la razón al público con tal de conseguir dinero. De momento es una táctica que parece estar funcionando.

Pokémon GO

2016 no ha tardado mucho en ganarse la fama de que, si algo malo o surreal puede suceder, va a ocurrir, y aquí tenemos uno de sus grandes responsables. Tengo esperanzas de que, en el futuro, se estudie cómo un juego logró echar el freno al Primer Mundo y la forma en que, a lo largo de unos días, todos fuimos entrenadores pokémon. Ha sido titular de las noticias generalistas, ha obligado a tertulianos y think tanks a charlar sobre gente saliendo a la calle a cazar Pikachus. Ha hecho que Hillary Clinton diga esa oración tan vergonzosa de “make the people Pokémon GO to the polls”, y eso es una cosa que acumularé el resto de mi vida. Entre tanto fenómeno fan, con Star Wars llenando los cines y la gente conminando de muerte si alguien les suelta un spoiler de Juego de Tronos, ha tenido que llegar Pokémon para que volvamos a ser pequeños y salgamos a la calle con una sonrisa y ganas de conocer gente. El juego para videoconsolas en sí es cutre, mas lo que ha logrado es algo para recordar y recordar. Ha creado estampidas en Central Park por un Vaporeon, ha atascado calles japonesas con la presencia de un Snorlax. En la semana de su lanzamiento uno podía ir al Parque del Retiro en la villa de Madrid con la seguridad de que estaría lleno de gente mirando su móvil en pos de un Scyther. Pokémon GO es una fantasía hecha realidad, un paréntesis mágico que crea conversaciones tan absurdamente gloriosas como “¿Habéis visto al Charmander por aquí?”. Ha traído la magia a nuestro mundo y, entre tanto caos y miseria, en un año como ha sido 2016, un juego que nos invite a ponernos los guantes, la visera y salir a cazar pokemones con los amigos es una bendición.

Battleborn

Ya decía que esta lista no iba a ir sobre los mejores, aunque tampoco quiero pasarme de atroz por el hecho de que Battleborn no es en absoluto un mal juego para videoconsolas. Es una obra incomprendida, víctima de la mala publicidad y una data de lanzamiento desacertada. Su rivalidad con Overwatch era inexistente, pues los 2 son títulos completamente distintos, pero sus diseños invitaban a pensar lo contrario y la gente no tardó en asociarlos como contrincantes. Saliendo el 3 de mayo, a veinte días de la publicación de algo tan aguardado como Overwatch, Battleborn estaba condenado a fallecer. Hace poco hemos tenido otro ejemplo trágico en Titanfall 2, que se ha visto aplastado sin posibilidad de redimirse por culpa de Battlefield 1 y Call of Duty: Infinite Warfare. Vivimos en la sociedad de la información, y los rumores, memes y opiniones viajan muy deprisa, más incluso que la verdad. Battleborn es el descalabro que es hoy, el hazmerreír de la audiencia y víctima sin quererlo de Overwatch por no haber sabido marcar su territorio. Si hubiese llegado dos meses atrás o bien dos meses después probablemente podríamos haber eludido este baño de sangre, igual que ha sucedido con Titanfall dos, mas las reglas han alterado. Las datas importan y la opinión pública importa. Tenemos este cadáver para probarlo.

No Man’s Sky

No aguardaba este juego, pero sé de cientos de miles de jugadores que sí. El hype jamás ha sido algo bueno y No Man’s Sky es un cuento con una moraleja muy clara, como esos vídeos promocionales de la guerra contra las drogas de los EE. UU. de Reagan. No digo con esto que Sean Murray y la banda de Hello Games sean un grupo de timadores deseoso por liarnos y sacarnos los cuartos a la mínima que bajemos la guardia. A la inversa, lo que creo es que este era un equipo de gente apasionada que vio la ocasión de hacer el juego de sus sueños, la aprovechó y no supo a qué se encaraba. No Man’s Sky fue víctima del hype para todos, hasta para sus propios autores, que esperaban meter considerablemente más de lo que al final fueron capaces y, como resultado, nos vendieron un juego que no es. No voy a quitarle a absolutamente nadie la sensación de sentirse traicionado por el hecho de que es cierto que el No Man’s Sky libre en las tiendas dista mucho del No Man’s Sky que nos habían prometido, pero deseo ser optimista y atribuir esto a la ilusión de un equipo reducidísimo que, de súbito, un buen día, se encontró con que Sony estaba apoyando su videojuego y que era uno de los buques insignia de PlayStation cuatro. Es un trato difícil de rechazar y un sueño para muchos desarrolladores, pero también una triste realidad, que es que muy frecuentemente los más intranquilices son los peor parados. De haber aguardado a ver resultados, de qué forma era el juego, si los críticos, tanto periodistas como blogueros, afirmaban que si bien o si mal, la historia habría sido muy distinta. Ahora los de Hello Games tienen una labor titánica por delante, que es entregar un juego a la altura de las esperanzas, y una misión aún más difícil, que es recuperar la confianza de un público que ahora mismo les tiene marcados. Sólo cabe esperar que, igual que no olvidará a Sean Murray, la gente no olvide que las prisas y el hype no acostumbran a traer buenos resultados.

Mighty No. 9

Me gusta Kickstarter. Creo en esa plataforma y he apoyado múltiples proyectos para que salgan adelante. Espero que sea de esta forma en el futuro. Yo mismo vivo merced al apoyo de una plataforma de micromecenazgo, así que entiendo lo que es contestar ante tu público, y Mighty No. nueve es una bomba en los cimientos que amenaza con destruir el progreso que se ha conseguido hasta ahora. Este fue uno de los proyectos más conocidos en esa ola de resurrecciones nostálgicas y ahora se ha convertido en el descalabro más sonado además del responsable de una campaña de marketing patética. Mighty No. nueve no entiende que significa considerablemente más de lo que este juego puede lograr, pues si no cumple sus promesas y se ríe en la cara de su público, eso es mala imagen para Kickstarter. Es menos confianza y menos atención para el futuro. Significa que la gente tal vez no apoye un proyecto pues no desee encontrarse nuevamente con esta situación. Pero no es la obra más peligrosa: Star Citizen se ha transformado en un monstruo demasiado grande para su bien, un No Man’s Sky hipervitaminado que amenaza con arrasarlo todo con la fuerza de una supernova. Del éxito o descalabro de ese título depende el futuro de cientos de juegos que quizás ni se atrevan a salir a Kickstarter pues ya no habrá confianza, o quizá signifique una nueva era para el desarrollo ambicioso y guiado por el amor de tu audiencia. De momento Mighty No. 9 ha sido una clara indicación de qué no hay que hacer: no solo ha sido un mal videojuego sino que, antes de que saliera al mercado, Keiji Inafune ya intentaba colarnos el desarrollo de Red Ash, otra secuela espiritual. Antes de que su juego viera la luz, Inafune se ha visto involucrado en el desarrollo de obras tan mal paridas como Yaiba: Ninja Gaiden Z. Mighty No. nueve desequilibra la balanza con su mal ejemplo. Mi deseo para 2017 es que otros logren corregir lo que este juego ha quebrado.

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